lunes, 12 de enero de 2015

La belleza existe para que nos podamos sumergir en ella.

Uno de los platos lienzo de Dabiz Muñoz



El otro día pensaba que cocinar y pintar son las dos actividades con las que consigo un mayor nivel de evasión. Cuando me meto en la cocina, cojo los pinceles o hago recortes para componer un collage, el tiempo adquiere una dimensión diferente, quizá más real, quién sabe. 
Inmersa en cualquiera de las dos actividades la mente se relaja, deja de analizar, no se enreda, no se agobia y los colores, los sabores, las piezas, parecen encajar a la perfección, fluyen. Yo dejo de ser yo, dejo de hacerme planteamientos y así las horas se disuelven, se ablandan, el tiempo se alía con la tarea, no la interrumpe, no impone su premura, es placentero, se ahueca.
Anoche un amigo me enviaba este vídeo, cuya leyenda es People who love to eat are always the best people. El vídeo es fascinante y, aunque sé que la cita no puede ser cierta, me encantaría pensar que sí, que amar la comida es también una forma de amar la vida, amar a las personas, al planeta, una manera de ser buena gente.
El vídeo me recordó la fascinante propuesta visual de la web de Diverxo, el restaurante del chef Dabiz Muñoz, una absoluta orgía de arte y cocina en la que dan ganas de sumergir el cuerpo entero y la mente, y el alma si existiera, venderla a ese precio.
Arte, cocina, comer, contemplar un cuadro, ensuciarte las manos con masas, salsas, carnes, pescados, vísceras, óleos, acrílicos, pasteles, acuarelas, pimentones, brochas, currys, pegamentos; aspirar los pigmentos, olisquear especias, espachurrar los frutos, mezclar color en la paleta... Cuál es la diferencia?

No hay comentarios:

Publicar un comentario